Pequeña contemplación.

Transcurre el verano. Con sus cielos vespertinos diciendo: mírame, contémplame, haz de mí una fotografía. Entonces alzo la vista y ahí estás vida.

Qué calma dicha… cada tarde volver a asombrarse como niño por tal pequeñez.

Así fluyo contigo estío, hacia mi propio fin un día, mientras fluyo sin resistirme a este deseo irresistible de vivir.

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